lunes 13 de julio de 2009
martes 7 de julio de 2009
viernes 3 de julio de 2009
miércoles 1 de julio de 2009
lunes 29 de junio de 2009
Cliché
¿De qué se ríen?
Me imagino con una sonrisa digna de una publicidad de dentífrico. Un extraño maleficio me condena a exhibirla continuamente. Imagino que la despliego ante una sala en la que velan a una persona que murió por dengue. El contraste es oprobioso. Entonces, la cargo hasta una precaria casilla del conurbano bonaerense. Tampoco es digna de ese pequeño ambiente hacinado de incontables manifestaciones de una pronunciada postergación. No claudico. Llegó a la sala de esperas de un hospital público. Los médicos, atareados con un centenar de personas que requieren asistencia, se irritan con mi ostentación. Escapo. Pruebo en una humilde escuela primaria. Una maestra, desbordada por el alboroto que provoca su curso superpoblado de blancas palomitas, me intima a que deponga mi actitud provocadora. Que decepción. Estoy cerca de los Tribunales. Entro. Mi estoica mueca se enfrenta ante un auditorio que espera una sentencia. Casi me linchan cuando la conservo pese al vergonzoso veredicto judicial. Desanimado, asomo a un recinto partidario que destila un penetrante ánimo festivo. Soy bienvenido. Tomo champagne. Tarareo una marcha pegadiza y ensayo unos pasitos de coreografía de serie adolescente. El embrujo cede imprevistamente. Huyo despavorido.
viernes 26 de junio de 2009
martes 23 de junio de 2009
viernes 19 de junio de 2009
lunes 15 de junio de 2009
jueves 11 de junio de 2009
martes 9 de junio de 2009
martes 2 de junio de 2009
viernes 29 de mayo de 2009
martes 26 de mayo de 2009
Injusticias
¡La culpa la tiene el juez! Como consecuencia de las disposiciones de una ley nacional estuvo obligado a liberar antes de tiempo a un condenado, quien luego violó y asesinó a una joven, pero, obviamente, es más fácil echarle la culpa al juez. Apuntar los cañones del reproche hacía la ley es mucho más complejo. Más difícil aún es analizar la responsabilidad de quienes dictaron esa norma. Doblemente arduo es escudriñar sobre nosotros, los ciudadanos, que votamos a los sujetos que sancionaron la ley. Empresa imposible para nuestra tosca capacidad crítica. Nadie se quiere auto incriminar. Necesitamos un responsable preciso y determinable. Afinamos la puntería hacía el juez. Un blanco perfecto para saciar nuestras culpas. Imposible errarle. Permitimos modosamente que se mantenga un sistema penitenciario atroz que incentiva la criminalidad. Pero la culpa, obviamente, la tiene el juez que dejó libre a la bestia azuzada. Es demasiado complejo pensar en las culpas de los burócratas del ejecutivo elegidos por la fórmula partidaria que votamos. Sería, nuevamente, poner el cañón sobre nuestra propia sien para remover los sesos de nuestra calidad ciudadana. Nos vendría bien reconocer la tremenda responsabilidad que nos cabe en todo este asunto. Somos la punta del ovillo, la madre del borrego. Votamos sin pensar. Sin recapacitar sobre el compromiso que ello implica. Ciegamente, otorgamos un mandato y luego pretendemos desentendernos de lo que hicieron con el. Elegimos espejos de colores y pronto intentamos no vernos reflejados en ellos. Nos disgusta la imagen que nos devuelve y preferimos evitarla. Irremediablemente, somos unos hipócritas. Y eso, es solo culpa nuestra.
Aníbal.
jueves 21 de mayo de 2009
domingo 17 de mayo de 2009
miércoles 13 de mayo de 2009
Neopolíticos
La nefasta estrategia de posicionar candidatos provenientes del mundo del espectáculo y el deporte, es asimilable a las maniobras marketineras de proponer figuritas que surgen del universo de los negocios.De la misma forma que, desde mi perspectiva, encuentro incompetente y falto de sensibilidad a una estrella del espectáculo para legislar o gobernar, percibo inútil a un tipo de negocios, acostumbrado al individualismo, para trabajar por el bien común o fluir en el complejo arte de componer los intereses de mayorías y minorías.
Es cierto que los hombres de pura cepa política nos defraudan constantemente, pero no por ello hay que entregarse a la oferta de productos con atractivo packaging y contenido vacío.
domingo 10 de mayo de 2009
domingo 3 de mayo de 2009
jueves 30 de abril de 2009
miércoles 22 de abril de 2009
Pasantías
El argumento de autoridad es un artilugio trillado. Cargo, edad, profesión o experiencia, suelen aparecer como el único fundamento aparente de sentencias de lo más irracionales. Ello está arraigado en nuestra sociedad actual. Así, el que dispara veredictos propulsados desde su rol o posición no tiene resistencias del destinatario, quien, generalmente, asume la inmunidad de la palabra autorizada.El régimen de pasantías, básicamente, se funda en la inexperiencia y juventud del pasante para establecer una relación laboral precaria. Los jóvenes inexpertos no tienen la autoridad de los viejos experimentados. No se otorgan razones para sostener esa conclusión. Se confía, adrede, en caracteres de hecho. Ergo, se aduce que el sistema beneficia a ambas partes de la relación. Mentiras. El empresario, por migajas, aprovecha la enérgica y conocimientos universitarios de los estudiantes o recién graduados. Eso está claro. En cambio, es más cuestionable el retorno que le produce al pasante. Se invoca que el sistema favorece a la inserción laboral de la juventud profesionalizada. Es decir, se termina alegando que le conviene ingresar a un entorno laboral, resignando sueldo y seguridad, para ganar experiencia. Cuantas falacias. Una persona que estudió entre tres y seis años podrá no tener el hábito práctico, pero en cambio, propone un bagaje teórico que, combinado con la fuerza de su juventud y la carencia de malas mañas, resulta imprescindible para cualquier organización laboral. Eso es un valor agregado que, por conveniencia, se lo interpreta como una deficiencia que repercute en las condiciones de contratación. Las universidades son cómplices de la patraña y ofrecen a sus estudiantes y graduados como mercancías chinas.
Alejandro Magno tenía veinte años cuando tomo el mando de Macedonia. Menos mal que en su época no existían los prejuicios de hoy. No creo que hubiese agarrado por $450 más tickets.
jueves 16 de abril de 2009
Culpables
Culpables
La forma en que se está comunicando la epidemia del dengue denigra a la razón humana. Crispa el alto grado de simplismo con que se propone explicar las causas que le dieron génesis. Comunicadores almidonados y sanitaristas improvisados nos develan al unísono la raíz que provoca y fomenta éste mal. Extasiados por revelarnos la solución que nos libere del apocalipsis, increpan nuestros descuidos que alimentan la voracidad del monstruo. Nos reprenden por olvidarnos de cambiar el agua del florero, estimulan nuestra personalidad culpógena resaltándonos la negligencia de tener tiradas en nuestro jardín algunas tapitas de gaseosas llenas de agua, predican para erradicar los neumáticos vacíos en los patios traseros de nuestras viviendas o, dilapidando su admirable grado de cinismo, reprochan que no le cambiemos el agua al perro. Pobre animal.
Doña Rosa, único concepto rescatable del legado del fallecido lobby- periodista, recoge el guante. Se lo pone y reproduce el mensaje redoblando el reproche. Así, el vecino nos regaña por las macetas que juntan agua en nuestro balconcito del microcentro, las abuelas intoxican a sus nietos con sobredosis de repelente, y los compañeros de trabajo, temerosos de que seamos objeto de propagación del nuevo mal, nos boicotean la escapadita mensual al Tigre.
Detrás de las luces, aislados en sus recintos herméticos, los investigadores luchan con la urticaria que les provoca la acción comunicacional y la consecuente reacción ciudadana. Gritan pero nadie los escucha. Hace tiempo que lo hacen. Hablan de políticas sostenidas de control de vectores. ¡Qué idioma extraño el de ellos! Denuncian falta de recursos para sustentar sus pesquisas científicas. Reclaman centros sanitarios especializados en la prevención y control. Ilusos.
Los actores de programas sociales, que, por pura altanería, tienen más capacidad para comunicar sus reclamos, denuncian basurales a cielo abierto, propagación de tosqueras inundadas, contaminación de cursos de agua estancados, matorrales impenetrables, o, básicamente, otros síntomas que acosan a vulnerables y excluidos. Algunos medios, como nota de color, levantan sus vociferaciones. Estos rojos no cambian más.
En definitiva, teóricos y prácticos -todos con palabra autorizada- proponen una explicación distinta a la del vuelo rasante mediático. La capacidad de divulgación de sus propuestas es limitada. Debe ser desesperante. Sería bueno agudizar el oído para escucharlos tras el barullo de la versión oficial. También sería interesante estar sensibilizados para asimilar la desgarradora realidad que suele fluir en los enfoques profundos.
Mientras tanto, el vació es llenado, rebasado, con interpretaciones y recomendaciones huecas o estériles.
Espero ansioso al atrevido que anda con ganas de plantear la fabricación de un mosquitero gigante que aísle a las zonas urbanas. Desde la experiencia del efímero muro, todo puede pasar.























